Fashionada

Un poco de todo. Un poco de nada.

Ay, Chavela

No se cansa de vivir. Y ya es eterna, aunque aún no esté muerta. Acaba de cumplir 93 años, con toda la energía apasionada que se puede tener a esa edad chavelística.

Fue Jorge Salazar quien me la presentó, hace más de 15 años. La había escuchado antes, pero no la conocía. Jorge, gran periodista, amigo y profesor de esa época, simplemente la veneraba. Y gozaba dulcemente con ella como si la tuviera al lado. No había reunión ni noche de conversa en que ella no estuviera presente, con su canto y su pasión, con su lamento apasionadamente vivo.

Y así la fui escuchando y queriendo. Ella me enseñó a patear traseros con una canción y a emborracharme sin llorar, como los machos. Dice una de sus canciones: “Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas/ lo mismo que un árbol que en tiempo de otoño se queda sin hojas/ Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas, esas que quedan doliendo en el corazón”.  No se puede cantar algo más triste, pero la Vargas es la única que tiene la virtud de hacerlo con dignidad.

Con Chavela no solo cantaba, también aprendía. A reír, a insultar, a querer, a escupir, a odiar, a recordar. Y todo bien hecho, con pasión.

Hace poco pensaba en ella, en la voz que la iba dejando y en el tiempo insensato que no creía en nada ni nadie, ni siquiera en Chavela Vargas. Pero hace unas semanas, y como celebración previa a su 93 cumpleaños, anunció que lanzaba disco nuevo cantando poemas de Federico García Lorca. Estaba feliz, cumpliendo sueños como lo ha hecho constantemente, como una novata, emocionada y sorprendida ante todo lo bello.

Cuando Jorge Salazar murió estuvo acompañado por ella, por Chavela. No podía ser de otra manera. Junto a su cajón rugía esa voz, cariñosamente, solo para él.

Yo de Chavela no me quiero despedir. Siempre me la querré encontrar, como a una buena compañía o un buen recuerdo. Siempre cantando. 

hace 1 año